En tiempos de pandemia, los madrileños estamos comenzando a apreciar cada vez más las joyas de nuestra propia comunidad. El Bosque de la Herrería es una de ellas. A 50 min del centro de Madrid es una escapada perfecta de día para ir con los más pequeños a respirar un poco de aire puro. Y eso es lo que hicimos, cogimos el coche y nos plantamos en el parking de la Herrería o Silla de Felipe II, lo encontrarás en Google maps por cualquiera de estos dos nombres. Suele hacer sitio, nosotros fuimos en fin de semana y sin problema.

A partir de ahí, todo es disfrutar. Está muy bien señalizado, no hay pérdida y los más pequeños disfrutan de los colores de la naturaleza, las vacas (las pobres más que acostumbradas a hacerse selfies) y un poco de ejercicio. Con nuestra peque que aún es bebé utilizamos una mochila de trekking y tan a gustito que iba mirándolo todo. Está señalizado como ruta GR-10 con bandas rojas y blancas. Nosotros llegamos con la peque y mi sobrina de 12 años sin problema hasta la Casa del Sordo, donde hay un increíble mirador del Escorial y Monte Abantos.

Ruta: Partimos desde el cruceiro, según pone, financiado por los Romeros de la Virgen de Gracia, cruzamos la carretera y lo primero que vemos es la fuente de la Prosperidad. Aquí hay que coger una pista ancha, el Camino del Castañar, y justo antes de llegar a la señal de ermitaños de abajo, seguiremos de frente hasta llegar a un paso Portillo con un pequeño mojoncito que nos indica Silla de Felipe II.

La Casa del Sordo fue ocupada por un guardabosques  sordo que fue quien dio nombre al sitio. Hay que destacar la roca enorme que domina el paisaje desde donde se pueden hacer espléndidas fotos. 

Decidimos bajar hasta la Silla de Felipe II para comer en el merendero, ya que en el quiosco podríamos calentar el potito de la baby. No son muy amables, por cierto… Pero hay varias mesas  y bancos públicos donde comerse el bocadillo y se pueden pedir bebidas en el kiosko.

La Tradición señala que desde este lugar Felipe II vigilaba las obras del Monasterio del Escorial, cuya obra se extendió desde 1563 a 1584. Hoy día, según los especialistas, parece ser que es una invención o licencia típica del romanticismo del XIX y que, aún más interesante si cabe, las rocas talladas pudieron ser en origen un altar de sacrificios veton celtibero.

En resumidas cuentas, echamos un día estupendo, fresquito pero al sol de la sierra de Guadarrama y respirando un poco de aire puro que tanto anhelaban nuestros pulmones urbanitas y de paso, nosotros nos quitamos un poco el mono de viajes jejeje.

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